Todos los días podríamos ver este tipo de hechos, donde la ciudadanía de cualquier parte del mundo puede demostrar ese acto de civismo para con otros ciudadanos. En este caso para las personas de tercera edad, embarazadas y discapacitados.

Algo así ocurrió hace unos años en Barcelona, España, donde una mujer declaraba: “Hay gente maleducada que no cede su asiento”, afirma Eulália Torras, presidenta de la asociación Alba Lactancia.

Torras también explicaba para aquel entonces que en espacios públicos, como el bus, las madres que amamantan a sus hijos tienen que soportar “miradas y comentarios poco respetuosos”.

Y de ahí surgió una campaña de concientización, la cual se le llamo: “Basta”. Con sólo esa palabra decenas de usuarios del transporte público pidieron más civismo y apoyaron a una lectora embarazada, Marta Maestre, en su demanda.

Ésta aseguraba estar “harta” de ver cómo la gente, de todas las edades, no se levantaban para dejar su asiento a los que más lo necesitaban. La falta de civismo, de educación, de humanidad.

Ahora bien, esto ocurrido en Barcelona, no solo ha ocurrido ahí, también ha ocurrido en muchas partes del mundo. Pero preguntémonos: ¿esto es algo que paulatinamente fue cediendo o cambiando?, ¿todavía hay personas que tienen esa situación “moral”?

¿Por qué una persona con educación, con algún nivel de estudio, no es capaz todavía en pleno siglo 21 entregar un asiento a un discapacitado? ¿Existen leyes en tu país que les proteja en este sentido?

Pero más que leyes que puedan proteger a las personas con discapacidad, a las personas de tercera edad, a las mujeres embarazadas o lactantes, deben existir la educación por parte del estado para que un ciudadano aprenda normas de convivencias que son primordiales para la sociedad.

Esperemos no se repita el sentir como el de la Sra. Margarita San Martin:

“Cuido a una señora de 73 años y me encuentro con este problema a menudo. Los jóvenes no ceden el asiento, pero las personas de mediana edad también deberían dar preferencia. Es un problema de educación que no sólo pasa en el transporte”

En eso tenía razón la señora Margarita, es un problema de educación, pero es un problema de la sociedad, un problema de un país, de muchos países, de un estado, y podría ser un poco más extremo diciendo que es un problema de civismo mundial.

Más actos de civismo como lo que ocurrió en Barcelona es lo que se necesitan.

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